La bahía de Tambor, un marino francés y lo que  su mirada plantea sobre el modelo de desarrollo en Cóbano

En la entrega de hoy, en Santa Teresa Hoy queremos continuar aportando a la reflexión acerca de la convivencia entre costarricenses, oriundos de Cóbano o no, y extranjeros, en torno al modelo de desarrollo que mejor se adapte a las necesidades de la mayoría. A partir de un documento encontrado en el Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR, Secretaría de Guerra y Marina, 001574), nos acercamos a los temas de inversión pública en el Golfo de Nicoya, así como la llegada de profesionales extranjeros a la zona, y discusiones sobre la belleza del paisaje y potencialidades económicas.

En la segunda mitad del siglo XIX, era práctica común en países latinoamericanos contratar asesorías de técnicos militares europeos. En dicho contexto, en 1891, el gobierno de José Joaquín Rodriguez Zeledón, mediante Rafael Iglesias, titular del Ministerio de Guerra y Marina, encargó levantar un mapa marítimo del Golfo de Nicoya. Ese trabajo fue adjudicado a Eliseè Prosper Fradin, capitán de la Marina francesa que llegó a Costa Rica en la década de 1880 y que durante las décadas siguientes realizó trabajos de mapeo en diversos golfos y bahías del territorio nacional. 

En su informe final acerca del Golfo de Nicoya, Fradin ofrece una perspectiva muy valiosa sobre las costas de los actuales distritos de Paquera y Cóbano. Señalaba que el Golfo “puede rivalizar con los puertos más bellos del mundo y Costa Rica puede considerar esta parte de sus posesiones como uno de los más ricos florones de su Corona”. Sin embargo, también sugería que el gobierno costarricense debería ordenar mayores estudios que “ayudasen a los capitanes e inspirasen confianza a los aseguradores.” 

Más adelante en su informe, Fradin describe su recorrido por la Isla y el Cabo Blanco y cómo, a través de la dirección noreste, los navegantes llegarían rápidamente a la Bahía Ballena: “vasta, segura y profunda sin exageración (que) puede albergar una gran cantidad de buques.” Esto no debería sorprender a quienes leyeron nuestro artículo anterior, en el sentido de que hay condiciones ambientales que favorecieron que Tambor se convirtiera en uno de los primeros centros de población en la historia del actual cantón de Cóbano, y potencialmente el más importante hasta 1950.

Sobre lo que los miembros de embarcaciones podían encontrarse en la bahía, señalaba Fradin que era muy fácil conseguir agua fresca, acercándose, a media marea, al “río Tambor” (río Pánica), cerca del cual “se encuentra la aglomeración de 10 a 12 casas que constituyen la aldea Tambor”. Comentaba que en Tambor había un suelo fértil en el que se cultivaba el arroz, la caña de azúcar, el plátano, y “las mejores frutas del golfo”. Además, destacó la abundancia de árboles de Cedro, Caoba y Cocobolo. Sugería deforestar y comercializar dichas maderas, para lo cual, sin embargo, “sería preciso abrir caminos, capaces al menos de recibir carritos de carriles” (es decir, carros de carga que se movieran a través de rieles).

Nuestra primera intención al rescatar este documento de más de 130 años, es fortalecer un sentido de identidad. En este caso, a través de una de las menciones más antiguas encontradas hasta ahora de Tambor: pueblo hermoso y luchador a la orilla de una las bahías más hermosas del país. Así, iremos compartiendo menciones y memorias que nos hagan cuestionar el enfoque que sugiere que en el sur de la Península ha habido solamente bosque (de por sí muy irrespetado ya por mucho tiempo). Sin embargo, también nos interesa invitar a una reflexión acerca del modelo de desarrollo que se debería seguir en la región en la que habitamos.

El reporte de Fardin supone un simbolismo importante: un extranjero con mentalidad desarrollista clásica que, con sus palabras, pretende convencer al gobierno local de seguir un camino de exploración, explotación e inserción en el comercio global. Esto lo hace desde una perspectiva muy favorecedora sobre la belleza del territorio, el cual, podría sugerirse, resulta sobre todo una materia prima para el deseado camino a mejores condiciones económicas. Sin embargo, ya no estamos en los 1890 y mucha agua ha corrido bajo el puente de las reflexiones acerca de lo que desarrollo y progreso significan.

En la actualidad, contamos con conceptos como desarrollo sostenible, desigualdades, calidad de vida (más allá de la riqueza), gentrificación, entre otras. No es este el momento para profundizar en ellos, pero algunas preguntas que planteamos a la audiencia son: ¿Seguimos creyendo en el desarrollo de la belleza natural mediante la modificación masiva del paisaje? Independientemente de la respuesta a la pregunta anterior, ¿el desarrollo es para quién? ¿Cómo asegurar un mínimo de justicia en términos de repartición de la riqueza? ¿Vale la pena hacerlo? ¿Por qué? De la manera en la que respondamos a estas preguntas depende si somos ciudadanos activos y responsables, o nos parecemos más a un marinero que observa la península desde la orilla, sin adentrarse en ella y sus realidades menos evidentes.

Esperamos que nuestro hallazgo sobre el reporte de este marinero francés les invite a continuar una reflexión activa acerca de cómo y en qué dirección caminar hacia el mejoramiento de nuestra zona. En la próxima entrega, compartiremos la lectura de un grupo de maestros de la Escuela Carmen Lyra, en cuanto a las principales problemáticas sociales del distrito en 1992. 

Por Jose Pablo Arguedas. Costarricense, residente en Cóbano, historiador y profesor.

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